Valorizar

A principios del mes de Abril, nos despertamos con una gran noticia para el sector biotecnológico en nuestro país, que tristemente no tuvo la repercusión que se merecía en la prensa nacional. Oryzon Genomics, una de las primeras empresas biotecnológicas españolas, lograba un acuerdo histórico con la farmacéutica Roche.

Las condiciones del contrato incluían la licencia a Roche de dos familias de patentes y un acuerdo de co-desarrollo, por el que Oryzon percibirá 21 millones de dólares durante los próximos dos años.

Además, la biotecnológica catalana podría llegar a ingresar más de 500 millones de dólares, en el caso de culminar con éxito los hitos establecidos hasta  la comercialización de ORY-1001(la molécula de los millones de dólares, que consiguió la denominación como medicamento huérfano el pasado año).

Este es un ejemplo más de adquisiciones millonarias que para nada se ven reflejadas en los libros contables o el tamaño de la compañía (en el laboratorio de Cornellá no trabajan más de 20 personas), sino que como vimos cuando hablamos de Transferir lo intransferible, están calculadas en base al potencial valor que los activos intangibles de esa compañía podrían alcanzar en un futuro.

Cuando conocí la noticia de Oryzon, me encontraba preparando los contenidos para el curso  Transferencia y Valorización de proyectos biomédicos”, cuya I Edición impartí la semana pasada, y reflexionando sobre el significado de dos palabras, similares a simple vista, pero con matices muy diferentes en su significado:

La primera palabra es VALORACIÓN, y podríamos definirla como el establecimiento del precio de un producto o servicio en el mercado. Está claro que el VALOR de algo tiene un alto componente subjetivo, y que puede variar enormemente dependiendo de numerosos factores externos (crisis económica, auge de un sector o burbujas varias,…) así como de la necesidad a la que ese bien da solución en el mercado, o el momento y el lugar en que se establezca ese VALOR (ya comentamos sobre esto cuando hablamos de lo que cuesta un medicamento).

Tras mi reflexión sobre este primer concepto, y su diferenciación de otros términos como coste o precio, mis pensamientos se concentraron en ese segundo vocablo, el principal culpable de mi reciente estreno como docente: VALORIZACIÓN.

Si recurrimos a la RAE, vemos que la palabra VALORIZAR puede tener 3 acepciones, considerándose en las dos primeras como sinónimo de VALORAR:  1. Señalar el precio; 2. Reconocer, estimar el valor o mérito de algo o alguien. Sin embargo, la tercera acepción es, desde mi punto de vista, la que aporta a este vocablo su matiz diferenciador: 3. Aumentar el valor de algo.

Más concretamente, cuando nos referimos a la I+D+i como motor de crecimiento de un país, podemos entender el proceso de VALORIZACIÓN como las diferentes actuaciones para conseguir que los resultados de investigación contribuyan al desarrollo económico y social en forma de riqueza y ocupación, de la forma más eficiente posible.

Y si aplicamos este concepto al día a día de los Centros de Investigación, más en concreto a sus Oficinas de Transferencia o Unidades de Innovación, o a pequeñas empresas biotecnológicas, la VALORIZACIÓN incluirá las acciones de deteccion y protección de activos intangibles, el establecimiento de un plan para llevar a mercado ese activo y el cálculo del valor que ese activo podría tener en un futuro, para de este modo, conseguir negociar un contrato de licencia o cesión de la tecnología.

Quizás Roche haya VALORADO el potencial de ORY-1001 reflejando su VALOR en un número, pero sin ninguna duda, el trabajo de VALORIZACIÓN que el equipo de Oryzon ha realizado desde su fundación en el año 2000 ha implicado mucho más que el simple establecimiento de un precio de compra para el proyecto.